domingo, 6 de septiembre de 2015

De mi libro: Los ojos del alma / Recuerdos

De mi libro: Los ojos del alma 

¿Coincidencias? ¿Realmente existía algo como eso? Algo tan perfecto de seguro tuvo que haber sido creado por una mano con un gran nivel de maestría en pinturas. En cuadros que se desarrollaban con el pasar del tiempo y que tomaba mejor aspecto gracias al golpe del viento y los rayos del sol. Este cuadro tenía todo su sueño plasmado, un comienzo inesperado y un final sin definir.

Recordó el primer momento en que lo vio, muchos años atrás él estaba en la entrada de un lugar por el que ella pasaba. En medio de la gente y el ruido sus ojos la guiaron a verlo, desde lejos. Por alguna extraña razón esta imagen quedó impresa en su mente. Y no fue hasta este instante en que juntos en su cuarto y estando ella encima de él, que este recuerdo cobraría sentido. Muy en lo profundo ella reconocía que esto no era una coincidencia, que quizás el destino en el que ella creía, había puesto todo en las condiciones más adecuadas para crear el presente que se apoderaba de ella en cada gemido. De repente estaba sola frente al mar, previendo las olas gigantescas que venían. Quizás ella misma había atraído esta situación con sus pensamientos. Él la agarraba muy fuerte de su cadera y ella solo sentía que se ahogaba. No entendía porque vibraba con solo saber de su presencia. Recordó cada palabra y cada sensación como si solo unos instantes atrás las experimentara por primera vez. Ella solo se apoyaba en el pecho de él, rendida y con algunas gotas de sudor en su rostro mientras él aceleraba sus movimientos.
Ella dejó atrás lo que la hacía sentirse dueña de si, se entregó a un bien mayor del que no era dueña e inundada de placer todos los recuerdos se apoderaban de su ser. Reconcilio sus deseos más íntimos y dejo que el mar se la llevara. Perdida en este estado, dejo de  interesarse por el futuro y encontró paz en ese infinito instante presente.

Ahí estaba ella después de tal experiencia, cubierta apenas con una camisa que le llegaba a su cintura. Tomando té como le habían dicho sus amigas años atrás, para cuando tuviera relaciones sexuales el cuerpo soportara el choque de energía que producían los orgasmos. Entre la transparencia de la camisa él veía un par de senos con toda la sensualidad de una mujer joven y segura de sí misma, tan firme observando el horizonte como la primera vez que conversaron, sobre cuestiones absurdas como el universo y la existencia de Dios. Ahora él recordaba cómo se ponía nervioso cuando sabía que la iba a ver, hasta tal punto de sudar sus manos y no saber que decir. Esa tensión mágica entre lo que está a punto de suceder y lo que está destinado a ser.

Mauricio Monsalve



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