jueves, 3 de septiembre de 2015

De mi libro: Los Ojos del alma / Las señales

De mi libro: Los Ojos del alma

Viajaba con ella a un lugar lejos de lo conocido, su alma un día le enseño que allí encontraría una señal más para completar su aprendizaje. Llevaba mucho tiempo perdido de lo externo, pero sumergido en su interior junto a su compañera de vida; esa misma que en vidas pasadas, había estado con él para enseñar y aprender sobre la chispa divina. Sobre ese propósito invisible que nos conduce a todos en cada etapa de nuestro paso por este lugar.
No era de esos que encontraban deleite en beber hasta perder la conciencia, como era costumbre para quienes viajaban en esas balsas. Para no marearse les proporcionaban un jugo de bananas y hierbas, pero él no lo tomo, lo de él era perderse en los viajes, le gustaba estar tranquilo y en medio de las formas que lograba ver, interpretaba la vida. No le veía gracia alguna a perturbar su espíritu y dañar su cuerpo con agentes externos. Prefería ver el mundo con los ojos bien abiertos para apreciarlo mejor. Poco a poco se convirtió en un contenedor de vida. Sus sentidos se trasformaron y se dio cuenta de que Dios se los había concebido con la intención de capturar la esencia de la naturaleza.
Se encontraban rodeados por montañas muy altas y solitarias, en medio de agua muy densa que no era salada ni dulce, pero reflejaba todo a su paso. Flotaban y mientras ella pensaba, él remaba suave para no perturbar la vida del lago, en busca de un lugar para detenerse. De pronto recordó el lenguaje mágico que lo rodea todo y vio grandes letras en las montañas, estaban forjadas por el paso de los siglos para indicar a quienes buscan el camino de su alma.
Una vez volvió en sí mismo, entendió las letras y a donde lo dirigían... a su origen. La mujer que estaba con el ahora, había estado siempre a su lado, quizás desde la creación del universo. Vio que la vida era una expresión más de la energía que vive en todos y en todo. 
Entendió que ella estuvo y estará siempre con él, porque eran uno solo y en este espacio y en los demás, en cada etapa del tiempo y la luz, ellos eran uno solo.
Entendió que estaban juntos para recordarse siempre de donde provenían y que esa era la chispa divina.

Mauricio Monsalve

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