miércoles, 4 de noviembre de 2015

Fragmento de mi libro: Los ojos del alma / Willkommen im Paradies


Willkommen im Paradies 

No esperaré a estar moribundo para llevar mi mensaje, lo haré ahora en mi mayor momento de plenitud y felicidad cuando puedo transmitir vida en lo que escribo. Si alguien anda en busca de la esencia de todo, quizás pueda sentir más allá de un texto superficial… con el conocimiento que todos tenemos pero que pocos logramos aplicar con éxito
Mientras escribía estas líneas, recorrí los mundos mas fantásticos, por lo menos, los que mi mente lograba imaginar; aunque lo que encontré fue una verdadera sorpresa, me quede sin palabras ante el hecho de haber alcanzado un sitio tan profundo y lograr ese encuentro inesperado, que me permitió darme cuenta por un segundo, que me encontraba frente a la esencia total de la vida misma… Se preguntarán ¿Que tiene que ver la profesión mas antigua del mundo, con la vida espiritual? Así comenzó todo.
La conocí por casualidad. Fue mágico de primera mano, después de todo era una mujer delicada y sensual, llena de marcas expresivas y llenas de historias en su cuerpo, que hombre se resistiría a eso.
Ella no tenía idea de que cada vez que pasaba por el frente mío, la observaba, era inevitable. En algún momento sentí que ella cruzaba por allí apropósito. Al volverse casual estos encuentros, la esperaba en mi lugar para verla, tras ese mostrador que la ponía tan lejos y a la vez tan cerca. ¿Quién lo pensaría?, gracias a ella… jamás volví a ver a las mujeres igual.
No pensé que como consecuencia conocería aquel lugar. Estas eran sus reglas: Un edificio, cientos de cuartos, mujeres hermosas de todo tipo, intelectuales, académicas, soñadoras, superficiales, bipolares, amas de casa, esposas, hijas, tan casuales como las que se ven a diario en la calle. De altos y escasos recursos, rubias, morenas, rojizas, todos los pesos y detalles. Tatuajes, cicatrices de nacimiento, atributos grandes y pequeños. Había una máximo de hombres por cada habitación, generalmente eran 10. Permanecían allí quienes dieran más dinero, algunos solo entraban por observar el show de tentación inusual, pero 5 minutos sin dar dinero y eran expulsados.
Nadie jamás supo quién manejaba el sitio, todo era perfectamente hermético para no dar acceso a a la “información”. Los hombres que allí llegaban eran invitados, si no se era invitado jamás se podría pensar que existe un lugar así. No se permitía el ingreso de ninguna mujer que no fuera Saha (quienes ejercían un rol) donde se complacen los más perversos y algunos estúpidos deseos del hombre. Nadie las catalogaría, ni sabrían sobre su labor, simplemente podrían decir en sus hogares que tenían turnos nocturnos en algún trabajo. Tenían documentos, autorizaciones y certificados que validaban sus identidades. Altos ingresos de por medio y una vida aparentemente de ensueño y felicidad, al más alto costo.

Mauricio Monsalve