martes, 30 de enero de 2018

Inefable!

-       Dos extraños caminaban por un bosque, ambos estaban separados por árboles y vegetación, esto no les impedía versen a lo lejos. Daban pasos explorando el territorio. Eran las únicas presencias humanas en aquel sitio, sin embargo, no se buscaban o se expresaban palabra alguna. Solo seguían adelante por su sendero. Ambos observaban el camino del otro, ambos se nutrieron de las experiencias y de ver como seguían adelante, iban casi al mismo ritmo; los obstáculos no permitían que siguieran mucho por su cuenta. El avance de uno le permitía avanzar al otro, estaban de algún modo, conectados. Llevaban ropa antigua cuando se vieron por primera vez, pero pasaron los días, los meses y los años y ambos se fueron transformando; a veces ella en hombres y a veces él, en mujeres. Tenían trajes distintos en cada ocasión, cambiaron de formas, tamaños y edades. En ocasiones el camino los puso cerca, pero este también cambiaba con ellos; hubo montañas, planicies, mares y ríos, variadas y grandes extensiones de territorio se daban lugar frente a ellos, también pasaron por muchos tipos de climas; el cielo brillo y se oscureció en muchos modos, y luego el camino los juntaba en lo que parecía un juego hecho para darles fuerza y continuar.

Pensaban cosas pero al abrir sus bocas no salían palabras, así que solo sentían. En ocasiones todo se tornaba oscuro y espeso, esto les impedía ver al otro. A medida que aprendieron y avanzaron, se hicieron más largos los tiempos que pasaban separados, y muchas veces al juntarse no se reconocían. Solo algo en el fondo les decía que seguían siendo ayuda y apoyo para el otro.

Un día los dos caminos se juntaron, pero ella no llegó. Él espero por un tiempo, aun así seguía sin verla. Se preguntó si quizás ella ya había pasado por allí. Nunca había sucedido esto. Pero había algo más, un gran miedo apareció para decirle que quizás el camino para él seguiría solo; una oscuridad absoluta cubrió su corazón, y en medio de la desesperación la vio a ella llegar. Solo que ahora ella era un él y él se había convertido en una ella. Ella pensaba que al llegar no lo encontraría, se sintió aliviada de verlo. El camino se transformó en uno para los dos, y disfrutaron mucho de sus respectivas compañías. Sus sentidos eran su medio de comunicación y acordaron planes para superar los obstáculos; profundizaron de tal modo en el otro, que solo algunas miradas y señales les bastaba para comunicarse. Pero aparecieron muchas diferencias entre ellos y había situaciones en las que no se ponían de acuerdo, se quedaban estancados sin avanzar… hasta que alguno de los dos rompía el muro imaginario que habían creado, extendían su mano o agachaban la cabeza para dar a entender al otro que estaba dispuesto a ceder y seguir adelante.

No se percataron que había otra entidad acompañándolos desde aquel día que comenzaron a caminar juntos; el Miedo siempre estuvo vigilándolos y susurrándoles pensamientos, plantando ilusiones en sus mentes sobre cosas que no sucederían, pero esto los llenaba de angustia. Poco a poco crearon una resistencia a los ataques de la entidad, el Miedo los vio avanzar sin ningún problema, entonces se hartó y se puso en frente de ellos para enseñarles que quizás el camino los volvería a separar. Se paralizaron, cayeron en llanto y decidieron que en adelante no volverían a soltar sus manos; hasta que un día apareció un gran reto  entre ellos que les exigía separarse para seguir. ¿Qué harían? Los dos creían que sin el otro no podrían seguir, ahora se necesitaban. Habían visto cambiar de forma al otro, no querían dejar de reconocerse; el camino se estaba haciendo extenuante, y en medio de las lágrimas pensaron, ¿Quién nos puso aquí? ¿A dónde vamos realmente? ¿Cuál es el fin de todo lo que hacemos?

Sus ojos se secaron, y comprendieron que debían continuar. Esta situación poco a poco se volvió recurrente. Se juntaban y se separaban por extensos periodos, a veces lo hacían enojados y a veces con el corazón roto, hasta llegaron a hacerlo con una sonrisa falsa en sus rostros. Se extrañaron y cultivaron en sus mentes motivos suficientes para seguir, dejaron las expectativas de encontrarse de nuevo.

No se sabe cuánto tiempo paso, ahora disfrutaban a plenitud cada encuentro; en ocasiones dejaban de caminar para compartir un poco más. Eventualmente el camino seguía pero ya no lloraban al separarse, confiaban en volverse a ver si era necesario; era parte del juego. El camino también se convirtió en algo disfrutable a cada instante. Convivieron de una manera inigualable con ellos mismos y apreciaban cada detalle que se les presentaba en su sitio. Se contaron miles de historias a través de los besos y las caricias. Ya no necesitaban explicaciones con respecto al mundo que los rodeaba, sentían que todo era perfecto.
Experimentaron la liberación de no culpar al otro por su separación, eran hechos incontrolables. No se culparon por estar allí, no culparon al camino o a un ente externo a ellos. Entendieron que solo tenían que dejar ir todo, quitarse esa pesada carga de encima. Abrieron sus mentes a un compartir absoluto sin esperar nada a cambio, para ellos esto era el Amor. Dejaron de preocuparse y el camino les proveyó de todos los medios y recursos para cumplir sus fines.
Renunciaron al control y comprendieron que de alguna forma eligieron estar allí, no podían ser víctimas de todo lo que les sucedía, aunque quizás no eran conscientes de en qué momento aceptaron recorrer esos lugares; aceptaron su participación en los hechos. No se trataba de hacer algo a nivel físico, sino más bien de como interpretaban con su mente lo que veían. Lograron ver luz más allá de las formas, primero por cortos periodos y esporádicamente se convirtió en algo permanente. 

Hasta el día en que se vieron por última vez, fue un tramo muy distinto del camino. Habían olvidado todo lo que había pasado con anterioridad. Ahora eran dos niños inocentes y felices sin preguntas en sus mentes, solo la plenitud del momento los envolvía. Se tomaron de las manos una vez más y desaparecieron…

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