viernes, 28 de julio de 2017

(Fragmento: La historia de Glad...)

          -Glad: De acuerdo, algo que debes entender es que, en este infinito mar de posibilidades, las coincidencias no existen. Todo es un sistema intrínsecamente conectado y sincronizado, y, por tanto, todo lo que llega a tu vida tiene su propósito, y lo que no también. Algunas cosas toman forma rápidamente y otras con los años van siendo comprensibles para tu mente y tu experiencia.

Glad se quedó callado por un momento y mirando fijamente el agua se recordó así mismo al otro lado del río; sin mucho que hacer todas las tardes, viendo como las madres trabajaban. Vivían a las orillas de algo llamado el Gran Río. Un lugar situado en la selva. Era una población excluida del mundo y todo lo que este contenía. Se encontraban demasiado lejos de todo. No usaban el dinero y su sistema de supervivencia se basaba en la caza y el intercambio con los viajeros que pasaban por allí. Estaban rodeados de tranquilidad, era una comunidad extendida en las dos orillas del río. Decían que estas dos poblaciones fueron creadas por dos hermanos, que tras una disputa por quién se quedaba con el liderazgo en la primera población, se separaron. Uno de ellos decidió atravesar el río con quienes lo seguían y formaron la otra aldea allí. 

-Glad: Era muy pequeño, mis padres me instruyeron en labores muy simples y tenía demasiado tiempo libre. Me encantaba mirar los barcos que pasaban por allí y saludar a las personas; era una vida simple. En la mañana ayudaba a mi padre con todos los utensilios que usaba para cazar, pero nunca me dejaba ir con él; decía que no tenía edad suficiente. Rápidamente los hombres se iban a conseguir las provisiones y las mujeres se encargaban de sus hogares. No había escuelas y los niños se quedaban con sus abuelos. Yo no tenía ese privilegio, apenas y tenía con quien jugar. Tampoco nos dejaban acercarnos mucho hacia la selva por los peligros que podía conllevar; entonces la mayor parte del tiempo contemplaba lo poco que iba cambiando todo a mi alrededor.
Hasta que un día todo cambió; sentí que en realidad tenía un corazón. Sentado en el muelle y con los pies en el agua, levanté la mirada y la vi a ella cruzando al otro lado del río. Ese fue mi primer gran descubrimiento y algo que impregnó de sentido a muchas de mis tardes. Era una niña de mi edad, o quizás un poco menos. Aprendí que ella salía todos los días al atardecer a encender los faroles del muelle y los de su casa, y que antes de ocultarse el sol, si fijaba muy bien mi mirada podía verla.

24 horas del día, ahora se resumía en esos 5 minutos. No sabía que me impulsaba a hacerlo, pero me sentía lleno de cierta alegría. Se volvió parte de mi rutina y no veía la hora de que ese espacio llegará; no sé hasta qué punto ella se percató de que yo la observaba desde el otro lado. Yo hacía muchas cosas para llamar su atención, como silbar entonando canciones y chapotear el agua. Estoy seguro de que un día la vi sonreír, y quizás ese fue el primer gran día de mi vida. Sentí que había conseguido algo realmente grande. No dejaba de pensar en ella y para recordarla, hice un dibujo de como la imaginaba. Cómo explicarlo, realmente no la conocía, pero el solo hecho de saber que existía hacía que mi imaginación volara en miles de fantasías; creo que ella nunca se detuvo a mirarme realmente, como yo a ella. Hasta que de repente, un día yo mismo me pregunté: 

¿Qué sucedería si cruzo el río al atardecer y la saludo? ¿Qué era lo peor que podría pasar? No tenía ideas sobre el rechazo y esas estupideces que nos detienen para expresar lo que sentimos. No tenía miedo, pues no había nada que perder y sí mucho que aprender.
Esa pregunta cambió mi vida, este fue mi primer sueño; eso que impulsa el espíritu de cada ser humano a descubrirse más allá de sus límites. Y para un niño de 10 años, nada era imposible.
Los días más grises para mí en aquella época, consistían en ver que otra persona saliera a encender los faros y los días de lluvia. Comencé a idear planes y excusas que de alguna manera me llevaran donde ella se encontraba. Mis padres no me hacían mucho caso, así que decidí tomar iniciativa. Pensé que si podía llevar una de las balsas río arriba, bastaría con soltarla y remar un poco; la misma corriente me llevaría a la otra orilla.
Habían pasado algunos meses y mi gran plan había tomado forma. Sentía que estaba preparado para la gran aventura, sin pensar en las consecuencias o siquiera como regresarme. Faltaba un día para el acontecimiento y decidí que ese sería el último atardecer sin conocerla. Se acercaba la hora, pero ella no apareció. 
De pronto un gran buque se acercó a ese muelle; tenía muchos adornos y un nombre en un idioma extraño. Vi a muchas personas acercándose al buque y entre esas personas estaba ella; tenía algunas maletas acompañándola. No tuve que pensar mucho, la escena se desarrolló por sí misma. La vi entrando en el navío arrastrando sus maletas y una señora que parecía ser su madre hablaba con un señor que iba muy bien vestido. Todos hacían mucho ruido y agitaban sus manos en son de despedida. Yo desde el otro lado miraba inmóvil como el ruido del motor se alejaba poco a poco.

Mi rostro se llenó de algo húmedo y sentí un fuerte dolor en el pecho. Fue la primera, pero no la última vez que me encontré con situaciones similares de pérdida; y que mis expectativas no se hicieron ni por poco, realidad. Pero conocí algo que luego denomine soledad, mirándome a los ojos y consumiéndome. Aprendí a vivir con el sentimiento de vacío y al final el tiempo pasó, otras ocupaciones fueron distrayendo mi mente. Crecí y me olvidé de aquella situación. Un día, uno de los tantos viajeros que por allí pasaban, les ofreció a mis padres un trabajo perfecto para mí. Les prometió que con eso yo tendría un mejor futuro y mis padres accedieron. 

Me embarque y después de un largo viaje llegué a la Ciudad Maravillosa. Todo para mí era increíble; las construcciones, el mar, las personas, los colores y las montañas. Había una gran estatua que nos observaba desde lo alto de la montaña, tenía sus brazos abiertos en señal de protección. Yo no entendía mucho sobre religiones y esos asuntos. Rápidamente me adapté a mi nuevo hogar y a labores que cada vez me exigían más. Allí se celebraba un Carnaval que era considerado uno de los más importantes del mundo. Y este se inaugura con un gran desfile. Por algún motivo siempre me encontré lejos durante esas festividades. Tampoco me importaba mucho participar, pero 10 años habían pasado y yo ya era un poco más adulto, esto fue justo antes de tomar la decisión de recorrer el mundo y encontrarme con Kind. Me ofrecieron participar en la organización de aquel desfile; tenía que ayudar en la seguridad y las barricadas que se hacían para que las carrozas adornadas pasarán por la avenida principal. Había mucho sentido de pertenencia y colaboración. Todo marchaba muy bien en mi vida, pero a veces la vida te toma desprevenido. 
En medio del desfile observaba el espíritu de celebración de las personas y toda la opulencia. Pero no contaba con que algo sucedería. Observando las carrozas, una de las reinas del carnaval volteo su mirada hacia donde me encontraba y fue como si un rayo me partiera en dos. Era ella... y mi pecho se desbordó

Esa fue la última vez que la vi, radiante y muy bella. Me quede observando como idiota, no podía hacer algo más. El desfile continuo. Pero, debo admitir, intente buscarla por todos los sitios posibles, sin tener ningún resultado. Pasaron meses de búsqueda sin sentido. Me cansé y decidí emprender un viaje por el mundo, con lo que tenía a la mano. Sentí que era hora de partir, sin idea alguna de lo que más tarde encontraría. Comprendí que algunas historias simplemente no deben suceder como queremos. Algunas situaciones solo rozan la superficie de tu vida y con eso les es suficiente para enseñarte una gran lección.
No es el tiempo, sino la intensidad de lo que sientes. Ella se fue en la misma forma en que llegó. Fue fugaz como los pequeños copos de nieve que entran en contacto con el calor. Yo me quede quizás con las cosas más importantes sin decir, y ella se quedó en un quizás. 

No alcanzaba a dimensionar el impacto que esto podría tener en mi vida; y tras muchos años de reflexión, logre hacer conciencia de que la mejor manera de estar presente es vivir sin expectativas. Pude disfrutar mejor los encuentros; entendí que, en este viaje, en el que somos alumnos y maestros, todos estamos para ayudarnos a despertar una visión muy avanzada de lo que nos rodea. Una manera en que podemos percibir que no existen situaciones desafortunadas ni victimismos. Todos elegimos vivir las experiencias de vida que tenemos para desarrollar una mirada inocente en cada situación.
Para acceder al El Estado del Ser, es de vital importancia una visión completamente amorosa y de unidad con todo lo existente. Pero Kind será quien te enseñe eso…


       -Kind: Ves muchacho, nada es bueno ni malo, todo es perfecto 

domingo, 9 de octubre de 2016

Fragmento De mi libro: Los ojos del alma / Belleza

Fragmento

Siento que estoy enamorado... Si, enamorado de cierta entidad que habita en muchas formas. Vaya manera de asesinato silencioso, me mantiene atento a ella todo el tiempo. Viene y va. Creadora de la seducción más pura, un arma usada para abrirse paso ante cualquier obstáculo. Belleza, has jugado tanto y aún no te cansas de crear y destruir todo a tu paso. Le diste forma al arte y transformaste las vibraciones en sonidos, sonidos que inspiran y que matan.

Y aquí me tienes nuevamente, ante una más de tus representaciones. Tengo tu cuerpo frente al mío. Te veo más imperfecta y con un deseo letal que nos consume. Yo que nunca te sentí parte de mí, solo puedo admirar lo que haces. Las líneas que forman tus ojos, me cuentan historias de tantas vidas. Son como perderse en la nada. Tu silencio, el que por tanto tiempo me ha enseñado a conocerte, hoy sigue intacto. Cómo explicarlo, es un juego de dos, causa y efecto. Es encontrar el Todo y saber que pronto te iras de ahí. Por más que huyamos el uno del otro, siempre nos encontramos, cuando ves que me voy perdiendo con tu mayor enemiga… Soledad. Ambas juegan con las conciencias que una vez fueron una sola. Es su venganza contra nosotros por crear un pensamiento que nos separó.
Me llamas con tus labios, y nuestras manos tocan la ilusión. Te vuelves materia por un momento. Nuestras prendas van cayendo y sin mirar donde estamos, sentimos que debemos hacer. Teníamos tanta sed, y comenzaste a llover, de tantas formas. Algunas gotas cayeron sobre los hoyuelos en tu espalda, tuve que nadar hasta tu cuello. Nuestros corazones no paraban, no había magia que pudiera crear más locura, mis manos agarrando tus pechos. La alquimia consistía en convertir todo instante en oro, los incrédulos pensaron que eran los objetos y las formas. Juntos aprendimos que no había nada en el universo que demostrara de manera más contundente que el tiempo no existía, cuando dos entidades tras combinarse unos minutos, regresan a ser lo que realmente eran. Y así desaparecía toda existencia, en un abrir y cerrar de ojos.

Sé, que en algún momento, nos volveremos a encontrar.

lunes, 1 de febrero de 2016

Fragmento de mi libro: Los ojos del alma / De Kind para Hope:



De mi libro: Los ojos del alma




De Kind para Hope:




No sé cómo se le puede llamar a esto pero soy consciente

del momento en que nació. Tú estabas entre esas personas que

no conocía, y desde que te vi no pude dejar de fijarme en cada movimiento que hacías. Cada actividad que planteaban mis amigos dejaron de ser relevantes, sólo puedo decir que me hacían sentir de alguna forma alegre. Me percate de lo innecesario que fue decir algo o presentarnos. Inventamos un lenguaje sencillo con nuestras miradas.




Fui buscando poco a poco un espacio para acercarme, hasta que estuviste sentada en aquel lugar con tus amigas y ese tipo raro que no paraba de hacer algo que llamará tu atención.

Yo lo ignore, pero jamás deje de estar presente a lo que pasara con tus ojos. Y es difícil para cualquier hombre, por más confianza que tenga en sí mismo, no sentirse nervioso ante lo que representas y lo que hablaban todos de ti. Nadie se percató

del puente que creamos, un misterio que aún resuelvo cada mañana.




Se hacía de noche y por fin sucedió, ese bendito espacio en el que nos dejaron a solas, mi cuerpo actuó acercándome al tuyo.

Observe tus labios y dije algo como... Dios, me haces temblar de solo mirarte. Y entre más me consumía ese momento, todo se volvía claro y tu sonrisa fue el golpe final.

Suavemente susurraste: yo me siento igual...




Mauricio Zyos

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Fragmento de mi libro: Los ojos del alma / Willkommen im Paradies


Willkommen im Paradies 

No esperaré a estar moribundo para llevar mi mensaje, lo haré ahora en mi mayor momento de plenitud y felicidad cuando puedo transmitir vida en lo que escribo. Si alguien anda en busca de la esencia de todo, quizás pueda sentir más allá de un texto superficial… con el conocimiento que todos tenemos pero que pocos logramos aplicar con éxito
Mientras escribía estas líneas, recorrí los mundos mas fantásticos, por lo menos, los que mi mente lograba imaginar; aunque lo que encontré fue una verdadera sorpresa, me quede sin palabras ante el hecho de haber alcanzado un sitio tan profundo y lograr ese encuentro inesperado, que me permitió darme cuenta por un segundo, que me encontraba frente a la esencia total de la vida misma… Se preguntarán ¿Que tiene que ver la profesión mas antigua del mundo, con la vida espiritual? Así comenzó todo.
La conocí por casualidad. Fue mágico de primera mano, después de todo era una mujer delicada y sensual, llena de marcas expresivas y llenas de historias en su cuerpo, que hombre se resistiría a eso.
Ella no tenía idea de que cada vez que pasaba por el frente mío, la observaba, era inevitable. En algún momento sentí que ella cruzaba por allí apropósito. Al volverse casual estos encuentros, la esperaba en mi lugar para verla, tras ese mostrador que la ponía tan lejos y a la vez tan cerca. ¿Quién lo pensaría?, gracias a ella… jamás volví a ver a las mujeres igual.
No pensé que como consecuencia conocería aquel lugar. Estas eran sus reglas: Un edificio, cientos de cuartos, mujeres hermosas de todo tipo, intelectuales, académicas, soñadoras, superficiales, bipolares, amas de casa, esposas, hijas, tan casuales como las que se ven a diario en la calle. De altos y escasos recursos, rubias, morenas, rojizas, todos los pesos y detalles. Tatuajes, cicatrices de nacimiento, atributos grandes y pequeños. Había una máximo de hombres por cada habitación, generalmente eran 10. Permanecían allí quienes dieran más dinero, algunos solo entraban por observar el show de tentación inusual, pero 5 minutos sin dar dinero y eran expulsados.
Nadie jamás supo quién manejaba el sitio, todo era perfectamente hermético para no dar acceso a a la “información”. Los hombres que allí llegaban eran invitados, si no se era invitado jamás se podría pensar que existe un lugar así. No se permitía el ingreso de ninguna mujer que no fuera Saha (quienes ejercían un rol) donde se complacen los más perversos y algunos estúpidos deseos del hombre. Nadie las catalogaría, ni sabrían sobre su labor, simplemente podrían decir en sus hogares que tenían turnos nocturnos en algún trabajo. Tenían documentos, autorizaciones y certificados que validaban sus identidades. Altos ingresos de por medio y una vida aparentemente de ensueño y felicidad, al más alto costo.

Mauricio Monsalve

domingo, 6 de septiembre de 2015

De mi libro: Los ojos del alma / Recuerdos

De mi libro: Los ojos del alma 

¿Coincidencias? ¿Realmente existía algo como eso? Algo tan perfecto de seguro tuvo que haber sido creado por una mano con un gran nivel de maestría en pinturas. En cuadros que se desarrollaban con el pasar del tiempo y que tomaba mejor aspecto gracias al golpe del viento y los rayos del sol. Este cuadro tenía todo su sueño plasmado, un comienzo inesperado y un final sin definir.

Recordó el primer momento en que lo vio, muchos años atrás él estaba en la entrada de un lugar por el que ella pasaba. En medio de la gente y el ruido sus ojos la guiaron a verlo, desde lejos. Por alguna extraña razón esta imagen quedó impresa en su mente. Y no fue hasta este instante en que juntos en su cuarto y estando ella encima de él, que este recuerdo cobraría sentido. Muy en lo profundo ella reconocía que esto no era una coincidencia, que quizás el destino en el que ella creía, había puesto todo en las condiciones más adecuadas para crear el presente que se apoderaba de ella en cada gemido. De repente estaba sola frente al mar, previendo las olas gigantescas que venían. Quizás ella misma había atraído esta situación con sus pensamientos. Él la agarraba muy fuerte de su cadera y ella solo sentía que se ahogaba. No entendía porque vibraba con solo saber de su presencia. Recordó cada palabra y cada sensación como si solo unos instantes atrás las experimentara por primera vez. Ella solo se apoyaba en el pecho de él, rendida y con algunas gotas de sudor en su rostro mientras él aceleraba sus movimientos.
Ella dejó atrás lo que la hacía sentirse dueña de si, se entregó a un bien mayor del que no era dueña e inundada de placer todos los recuerdos se apoderaban de su ser. Reconcilio sus deseos más íntimos y dejo que el mar se la llevara. Perdida en este estado, dejo de  interesarse por el futuro y encontró paz en ese infinito instante presente.

Ahí estaba ella después de tal experiencia, cubierta apenas con una camisa que le llegaba a su cintura. Tomando té como le habían dicho sus amigas años atrás, para cuando tuviera relaciones sexuales el cuerpo soportara el choque de energía que producían los orgasmos. Entre la transparencia de la camisa él veía un par de senos con toda la sensualidad de una mujer joven y segura de sí misma, tan firme observando el horizonte como la primera vez que conversaron, sobre cuestiones absurdas como el universo y la existencia de Dios. Ahora él recordaba cómo se ponía nervioso cuando sabía que la iba a ver, hasta tal punto de sudar sus manos y no saber que decir. Esa tensión mágica entre lo que está a punto de suceder y lo que está destinado a ser.

Mauricio Monsalve



jueves, 3 de septiembre de 2015

De mi libro: Los Ojos del alma / Las señales

De mi libro: Los Ojos del alma

Viajaba con ella a un lugar lejos de lo conocido, su alma un día le enseño que allí encontraría una señal más para completar su aprendizaje. Llevaba mucho tiempo perdido de lo externo, pero sumergido en su interior junto a su compañera de vida; esa misma que en vidas pasadas, había estado con él para enseñar y aprender sobre la chispa divina. Sobre ese propósito invisible que nos conduce a todos en cada etapa de nuestro paso por este lugar.
No era de esos que encontraban deleite en beber hasta perder la conciencia, como era costumbre para quienes viajaban en esas balsas. Para no marearse les proporcionaban un jugo de bananas y hierbas, pero él no lo tomo, lo de él era perderse en los viajes, le gustaba estar tranquilo y en medio de las formas que lograba ver, interpretaba la vida. No le veía gracia alguna a perturbar su espíritu y dañar su cuerpo con agentes externos. Prefería ver el mundo con los ojos bien abiertos para apreciarlo mejor. Poco a poco se convirtió en un contenedor de vida. Sus sentidos se trasformaron y se dio cuenta de que Dios se los había concebido con la intención de capturar la esencia de la naturaleza.
Se encontraban rodeados por montañas muy altas y solitarias, en medio de agua muy densa que no era salada ni dulce, pero reflejaba todo a su paso. Flotaban y mientras ella pensaba, él remaba suave para no perturbar la vida del lago, en busca de un lugar para detenerse. De pronto recordó el lenguaje mágico que lo rodea todo y vio grandes letras en las montañas, estaban forjadas por el paso de los siglos para indicar a quienes buscan el camino de su alma.
Una vez volvió en sí mismo, entendió las letras y a donde lo dirigían... a su origen. La mujer que estaba con el ahora, había estado siempre a su lado, quizás desde la creación del universo. Vio que la vida era una expresión más de la energía que vive en todos y en todo. 
Entendió que ella estuvo y estará siempre con él, porque eran uno solo y en este espacio y en los demás, en cada etapa del tiempo y la luz, ellos eran uno solo.
Entendió que estaban juntos para recordarse siempre de donde provenían y que esa era la chispa divina.

Mauricio Monsalve

viernes, 7 de agosto de 2015

De mi libro: Los ojos del alma / Ella


De mi libro: Los ojos del alma

Fragmento.

Unos cuantos retoques y su mejor vestido, ese que le cubría el alma y dejaba afuera toda su sensualidad. Un cabello lo suficientemente llamativo y el cuerpo que tanto había trabajado para conseguir. Una noche más, un chico más, unos minutos de ir al cielo y regresar nuevamente al infierno tedioso de su rutina, en un cuarto cualquier, con un chico cualquiera.
De pequeña había leído suficiente en los libros para entender que la vida se aprende viviéndola y no soñándola, que quien vive mucho de sueños se pierde si no los pone en la tierra. En aquel entonces tenía las ganas de aprender más allá de lo escrito, su vida no se resumía a lo que sus padres le hacían leer día tras día. Aunque todo lo plasmado aguarda gran sabiduría, sus planes eran diferentes; deseaba hacer su propia historia, sin príncipes azules y cosas de las que todos hablan como el amor. Ella sabía que era mejor dejar detalles como esos en los cuentos.
Eso la había llevado a ser una mujer deseable para cualquiera, no solo en su físico, sino también por lo que pensaba, y una manera inigualable de controlar cualquier situación con un hombre que fuese a comprometerla. Se sentía lo suficientemente independiente para ser capaz de reprimir cualquier lazo afectivo y estrechar con sus piernas a quien quisiera. 
Para ella el juego de los hombres no la dejaba caer en el horror del amor incomprendido, para ella lo que hacía no era pecar… era vivir su vida.

Mauricio Monsalve